Érase una vez un hombre descalzo que iba por el monte y se pinchó con un cardo. Se puso a maldecir y a blasfemar y así estuvo durante un buen rato.

Al poco pasó otro, también descalzo, y se pinchó con el mismo cardo. Como era un hombre muy bueno y comprensivo rápidamente le dijo: “te perdono, oh pobre cardo, por el daño tan grande que me acabas de hacer”.

Luego pasó un tercero descalzo como los dos anteriores que se pinchó también con el cardo. Dijo: “¡ay!” y siguió su camino, sin maldecir y sin aprovechar la oportunidad para demostrar con su perdón al cardo lo bueno que era.

A veces las cosas son así de sencillas: si vas descalzo por un monte es fácil que te pinches con un cardo.

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Un cardo licencia CC-BY Fr Antunes http://www.everystockphoto.com/photographer.php?photographer_id=14655

Un Cardo

Érase una vez un emperador muy soberbio que quiso saber cual era el hombre más sabio de su imperio. Mandaba llamarlos y conseguía mediante preguntas hallar alguna incoherencia y dejarles en ridículo. Luego les preguntaba si conocían a alguien realmente sabio y así, poco a poco le terminaron hablando de un viejo que vivia en las lejanas montañas del sureste, pasando el gran desierto y le mandó traer a su presencia.

Cuando le vio se sorprendió porque más parecía un campesino pobre o incluso un mendigo que un sabio. Le preguntó que qué sabía y el pobre ermitaño le contestó que algo de plantas, algo de venenos y antídotos y algo de medicina.

“Bah, valiente ignorante, eso no es nada, en palacio tenemos los mejores botánicos, farmacéuticos y médicos ¿no sabes nada más? todo el mundo me ha dicho que haces cosas maravillosas, mandaré que les ejecuten”.

“Su majestad imperial ¿qué podría hacer para que cambiaseis de opinión?”

“Haz algo maravilloso y les perdonaré a todos los que me hayan hablado bien de ti”

“No os entiendo”

El emperador, en uno de sus habituales ataques de ira, cogió un valioso vaso y lo estrelló contra el suelo con fuerza haciéndolo mil pedazos. “No sé, un vaso irrompible”.

“Quizá si su majestad usase uno de madera…”

“¿Te burlas de mi? Que no se rompa pero que tampoco se queme con el fuego ¿puedes hacerlo?”

“Si su majestad manda traer todas las hierbas de mi cueva lo haré”

“De acuerdo, pero si en un año no lo consigues morirás”

“Me sobran 11 meses”

Al cabo de un mes, se celebró una audiencia y el sabio presentó un vaso precioso de porcelana fina, bellamente pintado con motivos florales, todos se quedaron boquiabiertos, incluso el emperador, pero fiel a su caracter se propuso quedar por encima.

“¿Me tomas por tonto?, ¿cómo va a ser irrompible un vaso de porcelana?”

Y soltándolo lo dejó caer al suelo donde el vaso golpeó un par de veces y rodó sin hacerse ni siquiera una muesca. El emperador volvió a cogerlo y lo lanzó con fuerza, nada. Mandó llamar a su criado más fuerte y también probó lanzándolo contra el suelo sin éxito. Le ordenó que subiera a lo más alto de la muralla y lo tirase desde ahí y el vaso seguía intacto como al principio.

Llamaron entonces a un par de robustos soldados con unas enormes mazas que empezaron a golpearlo con todas sus fuerzas, al cabo de dos horas los pobres estaban exhaustos, chorreando de sudor y el vaso seguía como al principio como si no le hubieran rozado.

“No cantes victoria tan pronto, conseguiré romperlo y entonces conocerás mi ira”.

Se levantó la sesión y aunque todos querían felicitar al sabio pero para no enemistarse con el emperador nadie le dijo nada. En secreto éste le dijo a su primer ministro: “hay que lograr romper el vaso como sea”.

El primer ministro construyó un horno enorme y sometió al vaso a una gran temperatura y al mismo tiempo le puso toneladas de peso encima. Al cabo de una semana el vaso empezó a aplastarse hasta quedar totalmente deformado.

“¡Gané! El vaso no era irrompible, que lo ejecuten”

Cuando le comunicaron la sentencia el sabio preguntó: “¿se me concede un último deseo?”

“Por supuesto”

“Quisiera hablar a solas con el emperador”

A éste no le hacía mucha gracia pero como toda la corte sabía del último deseo quedaría como un cobarde y fue.

Nada más llegar le preguntó soberbio: “¿qué quieres?”

“Sólo saber por qué”

“Porque mentiste”

“Vuestra majestad imperial sabe que no, el vaso no está roto, sólo deformado, si me deja en una semana lo dejaré como nuevo”

“Da igual, lo volvería a romper y si no lo enterraría en el pozo más profundo o lo tiraría a la sima más honda del mar, es una cuestión de honor, he dicho que no era irrompible y tengo que tener razón, soy el emperador”

“Además, ¿de qué vivirían nuestros artesanos si los vasos no se rompieran?”

“Pero…”

“No hay peros, no lo entiendes, yo soy el emperador, y es mi privilegio beber en vasos valiosos, pero también lo es el romperlos en un ataque de ira y al día siguiente tener otro de igual valor o superior. Sin embargo si un criado lo rompe aunque sea sin querer, es mi privilegio mandar que le corten la cabeza. ¿No lo entiendes? Mi poder es el poder de destruir lo valioso, como tu propia vida, por mi voluntad”

“Entiendo”

“¿Algo más?”

“Podría saber cómo me vais a matar”

“Me da igual, pero dado que casi me dejas mal tendrá que ser algo con sufrimiento”

“Os pido, como último favor que me quemeis”

“¿de verdad? ¿por qué?” Preguntó el emperador divertido.

“Siempre he sido un poco friolero, y en las montañas entre las nieves muchas veces he añorado un buen fuego”

“¡Qué así sea!”

Y se fue, entonces, uno de los carceleros se acercó y le confió que su mujer estaba enferma y le preguntó si podía curarla.

“¡Claro!, pero te pediré dos cosas a cambio: la primera que me traigas todas las hierbas de mis aposentos y la segunda que escuches el relato de la conversación que acabo de tener con el emperador y la cuentes sólo boca oreja a una persona de confianza que te prometa a su vez que la transmitirá y así sucesivamente”.

El carcelero así se lo prometió y con algunas de las hierbas el sabio hizo una decocción que con el tiempo terminó curando a la mujer. Y antes de ir a la hoguera se metió entre las ropas ciertas otras que al quemarse emitían un humo tóxico.

A la mañana siguiente le quemaron. Pero el viento llevó el humo hasta la tribuna donde estaba el emperador y su corte. Todos se taparon la boca y la nariz, pero el emperador a pesar del picor en los ojos y la garganta no hizo el menor gesto.

A partir del día siguiente empezó a tener una tos ronca, que iba de mal en peor todos los médicos lo atribuían a haber respirado el humo de alguna planta venenosa pero nadie sabía el antídoto.

Cuando ya estaba moribundo compareció ante él el mayor experto del imperio que preguntado por el ya agonizante emperador le contestó: “sólo había una persona que sabía curar lo que su majestad padece, y era el viejo sabio de la montaña, al mandar matarle selló su majestad su propia sentencia de muerte”.

A la mañana siguiente poco antes de cantar el gallo el emperador falleció.

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CC0

He visto cosas que vosotras, gentes libres, nunca podríais creer: secuestrar la cultura para construir sedes en palacetes, cargarse la constitución y la presunción de inocencia para enriquecerse. He sido testigo de inspectores colándose en bodas, cobrando a conciertos solidarios, o exigiendo canon a festivales teatrales de discapacitados psíquicos. He visto asaltar sedes de la $ga€ en llamas más allá de las afueras de torrëlodones. Todos esos momentos de iniquidad se perdieron en la nada como pedos en un vendaval. TIEMPO DE COMPARTIR.

Ven de aquí, ven de allí ven de más allá
contra toda muerte y toda crueldad

contra el maltrato y la explotación
No habrá descanso hasta la abolición
(bis las 2 últimas)

Somos bastantes algunos no están
pero los presentes les recordarán

lejos desde el cielo se escucha esta canción
No habrá descanso hasta la abolición
(bis las 2 últimas)

Pása a nuestro lado ya si a ti de verdad
te desgarra el alma toda esta atrocidad

úne tu entusiasmo a nuestra aspiración
No habrá descanso hasta la abolición
(bis las 2 últimas)

No nos queda nada ya el fin cerca está
y no necesitaremos protestar más

en el día a día con determinación
No habrá descanso hasta la abolición
(bis las 2 últimas)

CC0 -> http://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.es

música: http://www.youtube.com/watch?v=-p0BC2adW5M

Leo en el libro “¿de qué enferma el MUNDO?” de Ruediger Dahlke isbn: 84-7927-608-8 hacia el final una cita de André Heller:

“Cuando por la noche un lobo se encuentra en el bosque con otro, piensa: ‘un lobo’. Pero cuando una persona se encuentra por la noche en el bosque con otra, entonces piensa: ‘¡Dios mio, un asesino!’ ”

un lobo como otro

un lobo como otro

Ay si Hobbes levantara la cabeza…

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Aunque mejor sería decir: “Te has tirado” porque fue un acto voluntario. O: “Te has puesto en situación de caer”. A veces es bueno saber tus límites, pero no probarlos cuando tienes “algo que hacer”, evitar compromisos y no andar jugando con fuego si luego tienes que usar las manos, si luego le has prometido a alguien que vas a usarlas y que vas a ser eficiente con ellas.

Sin embargo nunca hay que negar el placer de la caida, de sentir tu cuerpo cayendo, de notar el encuentro con el suelo. Normalmente en la verticalidad hay una cierta soberbia y, sobre todo, falta de caridad, de empatía. Cuando caes, cuando encima no es que hayas tropezado sino que has pasado a propósito por una zona super resbaladiza confiando en un buen resbalón, pero en modo alguno en una caida, y encima te la has pegado bien pegada. Cuando toda la gente te ha visto, ahí, en el suelo, desde arriba, cuando has intentado hablar poco, has conocido de verdad la vergüenza, la paranoia de: “¿se estarán dando cuenta?” Pues claro, es evidente, es más, tus esfuerzos por ocultarlo, por que-no-se-note-mucho, lo hacen aún más evidente.

Ahora queda la duda, ¿habré roto algo? ¿Se habrá perdido algo por mi culpa? ¿mucho?

De esto hay que sacar mucha meditación y mucho aprendizaje. Por un lado está el cuento del infeliz al que se le comió el lobo, es decir tú al menos has cavado el arbol y por lo tanto has recibido el tesoro de la sabiduría, de la visión, de la caida, de la vivencia de caer, darte contra el suelo y aún así, lo que más cuenta, volver a levantarte, pero ya no eres el mismo, pues allá abajo encontraste la empatía y sobre todo me gustó lo calladito que aprendiste a estar.

Te has [caido | callado]

Nada más!!

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En el palau de l’emperador hi havia dos taxidermistes, eren els millors de tota xina no obstant això els faltava un exemplar, la papallona més bella de totes.

L’emperador, fart, els va donar un ultimatum: o la caçaven i la posaven en la seva col·lecció o moririen.

Tenien un dia.

Un d’ells es va afanyar, l’altre, més expert, sabia que l’emperador el que volia era matar-los i substituir-los pels quals li havia recomanat la seu actual promesa, només buscava un pretext. Així que no es va preocupar i es va asseure a meditar i contemplar el jardí des d’un racó especialment bell.

Quan duia una estona, va tancar els ulls i es va quedar dormit, a l’estona el va despertar una suau brisa.
Era l’aleteig de centenars de papallones de les quals havia de caçar una, era un espectacle meravellós com no havia vist en tota la seva llarga vida.

Una d’elles es va posar suaument en les seves mans com dient: “pots agafar-me, sóc la solució als teus problemes”.

Però ell simplement va bufar.

“Vola amb les altres, que més dóna el que passi demà”.

Al dia següent van ser executats des de llavors en la tomba del taxidermista mai van faltar papallones.

fuente

Cuanto más lo miro… más aprendo

Las casas del I Ching

Ena mytho tha sas po
pou ton mathame pedia
Itan kapios mia fora
pou ‘fige stin erimia

Ki apo tote sta vouna
zouse pia me to kinigi
Ki apo misos stis yinaikes
den katevi sto horio

Yia to mytho pou mas lete
allo mytho tha sas po
Itan kapios mia fora
dichos spiti ke gonia

Yia tous andres ihe friki
ki ena misos foyero
Omos oles tis yinaikes
tis agapage tharro

Oh no, you’ve gone again
I feel like Daniel in the lion’s den
Stone cold in the afternoon
So alone in the empty room
They say that four walls do not a prison make
I’m trying to find a way out but there seems no escape
When I feel the hidden power that lies inside your sound
Like the ghost inside the atom that spins it round and round
There’s magic in some words, some things you can’t explain
That conjures up that feeling of the sun inside the rain

Chorus :
When the wind is blowing like a lonesome train
I reach out and touch you and I call your name
When the night is lonely and I fear the coming day
I reach out and touch you
And I call your name – NGIBIZA IGAMA LAKHO

Oh no, don’t let the sun go down
I’m so low, I feel underground
There’s no easy road and no easy way
To say the things I have to say
‘Cause I know that time is a distance and distance is a space
I’ve come so far to find you, it’s you I can’t replace
When I feel the hidden power that lies inside your sound
Like the ghost inside the atom that spins it round and round
There’s magic in some words some things you can’t explain
That conjures up that feeling of the sun inside the rain

Chorus :
When the wind is blowing like a lonesome train
I reach out and touch you and I call your name
When the night is lonely and I fear the coming day
I reach out and touch you
And I call your name – NGIBIZA IGAMA LAKHO

Johnny Clegg & Savuka

fuente

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