Érase una vez un hombre descalzo que iba por el monte y se pinchó con un cardo. Se puso a maldecir y a blasfemar y así estuvo durante un buen rato.

Al poco pasó otro, también descalzo, y se pinchó con el mismo cardo. Como era un hombre muy bueno y comprensivo rápidamente le dijo: “te perdono, oh pobre cardo, por el daño tan grande que me acabas de hacer”.

Luego pasó un tercero descalzo como los dos anteriores que se pinchó también con el cardo. Dijo: “¡ay!” y siguió su camino, sin maldecir y sin aprovechar la oportunidad para demostrar con su perdón al cardo lo bueno que era.

A veces las cosas son así de sencillas: si vas descalzo por un monte es fácil que te pinches con un cardo.

)S(

Un cardo licencia CC-BY Fr Antunes http://www.everystockphoto.com/photographer.php?photographer_id=14655

Un Cardo

Advertisement