Aunque mejor sería decir: “Te has tirado” porque fue un acto voluntario. O: “Te has puesto en situación de caer”. A veces es bueno saber tus límites, pero no probarlos cuando tienes “algo que hacer”, evitar compromisos y no andar jugando con fuego si luego tienes que usar las manos, si luego le has prometido a alguien que vas a usarlas y que vas a ser eficiente con ellas.
Sin embargo nunca hay que negar el placer de la caida, de sentir tu cuerpo cayendo, de notar el encuentro con el suelo. Normalmente en la verticalidad hay una cierta soberbia y, sobre todo, falta de caridad, de empatía. Cuando caes, cuando encima no es que hayas tropezado sino que has pasado a propósito por una zona super resbaladiza confiando en un buen resbalón, pero en modo alguno en una caida, y encima te la has pegado bien pegada. Cuando toda la gente te ha visto, ahí, en el suelo, desde arriba, cuando has intentado hablar poco, has conocido de verdad la vergüenza, la paranoia de: “¿se estarán dando cuenta?” Pues claro, es evidente, es más, tus esfuerzos por ocultarlo, por que-no-se-note-mucho, lo hacen aún más evidente.
Ahora queda la duda, ¿habré roto algo? ¿Se habrá perdido algo por mi culpa? ¿mucho?
De esto hay que sacar mucha meditación y mucho aprendizaje. Por un lado está el cuento del infeliz al que se le comió el lobo, es decir tú al menos has cavado el arbol y por lo tanto has recibido el tesoro de la sabiduría, de la visión, de la caida, de la vivencia de caer, darte contra el suelo y aún así, lo que más cuenta, volver a levantarte, pero ya no eres el mismo, pues allá abajo encontraste la empatía y sobre todo me gustó lo calladito que aprendiste a estar.
Te has [caido | callado]
Nada más!!
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